Cambiar la sociedad sin hacer política

28 Marzo 2017

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“Nuestros padres aportaron el desarrollo. A nuestra generación le toca introducir la responsabilidad social”, me dijo Ann Wang, la cofundadora china de We Impact, una empresa instalada en Beijing. Cobró conciencia de esa responsabilidad en 2009, cuando participó en la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático. Antes, trabajaba en el sector de lujo y los viajes para multimillonarios.

A su regreso se asoció con el británico Joseph Oliver y con Simón Kubski, un canadiense que vive desde hace cinco años en el país y que habla perfectamente la lengua. Sin oponerse frontalmente a la industrialización a cualquier precio, le añaden un toque social, y se encaminan, primero, a la modificación del estilo de vida de la gente y de las empresas porque es el punto de encuentro “de los valores humanos y de la acción”, me dijo Kubski.

Ann y Simón se presentan como “especialistas del engagement (‘compromiso’)”, que saben cómo inducir a participar a aquellos con quienes trabajan, especialmente durante conferencias o congresos o festivales musicales. También ayudan a las compañías –desde una pizzería hasta la filial local de Lexus, el fabricante de automóviles– a replantearse sus valores. “No necesariamente les ofrecemos la solución –precisa Ann–, pero sí el marco que les ayuda a encontrarla. Es fundamental, en ese ámbito en particular, que fundadores y directivos lleguen a sus propias conclusiones, que cuestionen sus valores y descubran cómo traducirlos tanto a nivel de productos o servicios como en las relaciones con sus clientes”.

Es lo que hicieron con Sophia Pan de P1.cn, un medio social que tuvo éxito en el mundo de la moda lujosa y que, gracias a la labor de We Impact, está llevando a cabo una mutación.

“Nos transformamos –me explicó Sophia– en una plataforma donde uno comparte su verdadera vida con sus amigos de verdad”. Ella eligió poner por delante los valores y correr el riesgo, que asume, de perder a la mitad de los miembros de su red. Pero considera –y he ahí la apuesta del equilibrio económico– que reunirá a los verdaderos líderes de la nueva generación china, que es “muy sorprendente”, añade.

La moda no es extraña a este movimiento, pero muchos me hablaron de la importancia de los “valores”, de los que se consideran haber sido privados por la carrera hacia el desarrollo emprendida para hacerles olvidar las protestas aplastadas en 1989. Son conscientes del crecimiento potencialmente insostenible de las desigualdades sociales y geográficas, y del hecho de que no pueden esperar la acción del Gobierno.

Decidieron, por consiguiente, tomar de inmediato cartas en el asunto, una manera de cambiar la sociedad sin hacer política. Se entiende que el tema interese mucho a los jóvenes chinos. Tienen ganas y la preocupación de ser “cívicos”, término empleado por Yin Yang, otra emprendedora social. ¿Están tal vez contribuyendo al renacimiento de una sociedad civil activa?

Sin duda la lección vale para quienes consideren que nuestras democracias atraviesan una grave crisis de lo “político”. Ese tipo de acción no es ya una solución para burlar las restricciones impuestas por una dictadura, sino una forma “de sacudir el schmilblick (‘chiringuito’)”, algo para lo que la clase política se muestra incapaz.

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