Diásporas creativas. El rol de los “extranjeros” en la innovación

16 febrero 2017

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En cada escala de mi viaje alrededor del mundo de la innovación encontré gente que había llegado de otras partes con la inquietud de resolver los problemas del lugar en cuestión y/o aprovechar las oportunidades que ofrece.

El sudeste de Asia y China parecen ser los sitios que más atraen a estos jóvenes knowmads. En Ciudad Ho Chi Minh, donde visité la fábrica de chocolate de Vincent Mourou y Samuel Maruta, también pude entrevistar a Bryan Peltz, estadounidense, cofundador de VNG.com.vn, la compañía online más grande de Vietnam, dedicada a una nueva startup, Klamr.to, cuya aplicación permite organizar actividades entre amigos.

En Manila conocí al canadiense Stephen Jagger, que cofundó PayRollHero.com para optimizar la productividad “con alegría”; y al alemán Christian Besler, vicepresidente de Kickstart.ph, una empresa cuya misión consiste en ayudar a los tecnoemprendedores locales.

En Singapur, el británico Hugh Mason me explicó cómo apostaba por los jóvenes retoños locales a través de su fondo Joyful Frog Digital Incubator.

En Hong Kong, Andrea Livotto, un italiano educado en Gran Bretaña, lanzó Perpetu.co

(para controlar su página de Facebook después de su muerte), mientras que el estadounidense Jonathan Buford había sacado al mercado Makibox, una impresora 3D con un costo de 300 dólares.

A esos “expatriados” conviene añadir a los jóvenes que vuelven al redil después de estudiar en el extranjero. Es el caso de Jing Zhou, quien circula entre Nueva York y Shanghái, un terreno más fértil, según ella, para las innovaciones perturbadoras como Elepon, su proyecto de red social reservado exclusivamente a mujeres y limitado, cada vez que se accede, a la interesada y a sus tres mejores amigas.

Luego vienen los “retornados”, aquellos profesionales que, después de trabajar varios años en el extranjero, se reintegran en sus países de origen para beneficiarlos con la experiencia que adquirieron afuera.

Tal es el caso de Adel Youssef, un Google Fellow que volvió a Alejandría a crear Intafeen.com, una plataforma de geolocalización para el mundo árabe. De Paul Rivera, ciudadano norteamericano, que regresó a Manila para lanzar Kalibrr.com, un sitio que ayuda a los jóvenes filipinos a medir sus capacidades antes de buscar trabajo.

El papel de los extranjeros es una de las características clave de Silicon Valley. Veámoslo.

Yahoo fue cofundada por Jerry Yang, nacido en Taiwán. Originario de Rusia, Sergey Brin es uno de los dos fundadores de Google. Instagram se benefició a su vez de “otro” cofundador, el brasileño Michel Krieger, quien llegó a Stanford a terminar sus estudios. Y no olvidemos al finlandés Linus Torvalds, padre de Linux, quien se instaló en California a los 27 años.

Las estadísticas son impresionantes. El 24 % de las startups establecidas en la región entre 1980 y 1998 tuvieron cofundadores indios o chinos. Y el 52 % de las startups creadas entre 1990 y 2005 fueron cofundadas por extranjeros (el 26 % eran indios).

Pero de 2005 a 2014 la proporción decayó al 44% en razón de las restricciones migratorias impuestas por el Gobierno de Estados Unidos, un asunto que inquieta a mucha gente.

¿Por qué? Porque esos migrantes contribuyen, con su mera participación, a la diversidad indispensable para cualquier clima de innovación. Son los puentes naturales entre las distintas redes que, consecuentemente, se enriquecen con sus aportaciones. Una posición estratégica.

La mezcla es en sí tan prometedora que algunos se dedican a impulsarla, a sacarle el mayor provecho posible.

The Indus Entrepreneurs (TIE) es una red india en la cual quienes tuvieron éxito en otras partes sirven de mentores a aquellos que comienzan a intentarlo. La organización contaba en ese momento con 13.000 miembros y 57 secciones en 14 países.

En Río de Janeiro, 21212.com (código de marcación telefónica de Nueva York y Río de Janeiro) es un acelerador creado por un americano —Benjamin White— y un brasileño —Frederico Lacerda— para facilitar que las culturas de ambas ciudades saquen el máximo beneficio de las oportunidades y el savoir faire de una y otra ciudad.

El ejemplo más sistemático nos lo proporciona Startup Chile que, para romper el aislamiento del país, ofrece becas de 40.000 dólares al año a más de 300 startups del mundo entero, a condición de que sus fundadores vayan a pasar seis meses para enriquecer su ecosistema de innovación.

No todos los países se encuentran en la situación geográfica de Chile, pero indudablemente todos saldrían ganando, como lo demuestra Silicon Valley, haciendo cuanto sea necesario para atraer esos talentos llegados de otras partes…

 

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