ArabNet. Los hombres de negocios y el activista

09 febrero 2017

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Omar Christidis es, según sus propios términos, griego, palestino y sirio. Sus padres viven expatriados en el Líbano. Nació en Damasco, se educó en Estados Unidos (donde obtuvo su MBA) y vive en Beirut. A su regreso a Oriente Medio quería dedicarse a los nuevos medios de comunicación y a todo lo que es digital, pero, me dijo: “No conseguía encontrar la información necesaria. Todo está demasiado fragmentado en el mundo árabe. Fue por eso por lo que decidí crear una conferencia que resolviera el problema en la región y para quienes se interesaran. Una conferencia dedicada a los medios digitales, que permite a las startups y a los inversores encontrarse”. Explica la elección del nombre de dominio que termina en .me (como Oriente Medio), que es, oficialmente, el nombre de dominio de primer nivel de Montenegro pero ha sido adoptado por empresas árabes con ambiciones regionales. La elección del inglés como lengua de comunicación se debe al interés por atraer gente de otras partes.“

ArabNet es una plancha giratoria para que los profesionales de lo digital y los emprendedores se conecten y aprendan”, se lee en el sitio. “Nuestras actividades, orientadas a fortalecer la industria de la web y apoyar el espíritu de emprender en la zona, comprenden una cumbre anual, ampliamente reconocida como el más grande encuentro digital en el Medio Oriente”, región que los anglófonos denominan MENA (Middle East and North Africa).

Durante una entrevista que tuvo lugar en Beirut el 20 de febrero de 2012, Christidis me dijo: “No es exactamente una conferencia. Me gusta verla como un festival, un poco como el SXSW (South by South West), que se celebra en Austin cada año. Mi sueño es ser como ellos”. Para su cometido reúne a la gente durante cinco días y le ofrece múltiples actividades destinadas a seducir y ser útiles a todos los segmentos interesados.

Esto incluye dos días de capacitación gratuita para los desarrolladores —“sin ellos nada se hace”—, apoyado por las mayores empresas informáticas. Hay actividades específicas para ciertos sectores, como la telefonía móvil. Un buen número de participantes son empresarios tradicionales a quienes “ayudamos a entender cómo lo digital está cambiando todo”, dice Christidis, ya se trate, entre otros, del sector salud, la educación, la banca o el turismo.

ArabNet es, de hecho, tanto una empresa de medios B2B como una organizadora de conferencias. El sitio es una buena fuente de información. “Tenemos la base de datos más completa sobre las startups del mundo árabe, el móvil y el emprendimiento”, asegura Christidis.

Paralelamente a la conferencia de El Cairo, se organizó un “foro” en el cual las startups presentaban sus avances. Allí conocí a varios emprendedores interesantes —especialmente emprendedoras— como Yasmine El-Mehairy, la creadora de SuperMama.me, un sitio de preparación al parto para mujeres árabes. Un Ideathon permitía, a quienes apenas empezaban, presentar su idea “el último día”, bautizado como community day (“día de la comunidad”). El evento era gratuito, lo cual no complació del todo a los patrocinadores. Pero Christidis dice que lo organiza porque cree que “incluso las personas que no pueden pagar deben poder participar. Tenemos que elevar el nivel de conciencia (awareness) y establecer un vínculo con la gente de la calle”.

Fue también allí donde descubrí —durante un panel sobre los medios sociales o, más precisamente, sobre el marketing que los utiliza— la importancia de los activistas en el emprendimiento digital. “Social es el nuevo viral”, declaró uno de los PDG que desfilaron por el escenario. Por todos lados prorrumpían generalidades tales como “Escuchen a sus comunidades y ajusten la estrategia” o “El contenido es clave” cuando de repente vimos aparecer sobre la pantalla de los tuits uno que contenía un mensaje lapidario: “Down with Tantawi” (“Abajo Tantawi”), ni más ni menos que el presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en aquel momento, es decir, el organismo rector del país. Nada que ver, en apariencia, con el contexto.

Yo conocía al autor, Tarek Shalaby —@tarekshalaby—, diseñador web y también emprendedor (Twitter, blogger, etc.), pero asimismo un importante activista en los sucesos

de enero. Por un instante pensé que se había equivocado de lugar, antes de darme cuenta de que había visto activistas en todas las conferencias de tecnología a las que había asistido, las más interesantes en todo caso. Son menos radicalmente políticos en Estados Unidos, por supuesto, pero totalmente convencidos de la urgencia de cambios sociales significativos a los que dedican buena parte de su existencia.

Una tendencia, que se halla en el arranque mismo del desarrollo del ordenador personal, tal como lo cuenta John Markoff en su libro What the Dormouse Said: How the Sixties Counterculture Shaped the Personal Computer Industry. Según este periodista de The New York Times, no puede comprenderse sino como una tensión entre los promovedores de la inteligencia artificial (todo por los ordenadores) y los de la inteligencia aumentada (el uso de la informática para sacar el mayor provecho posible de la inteligencia humana), entre los cuales había militantes contra la guerra de Vietnam y jóvenes que defendían otros mundos virtuales a los que se accede mediante el consumo de LSD y otras sustancias.

Tarek Shalaby estaba rodeado de emprendedores “clásicos”, jóvenes que intentaban cambiar su mundo y, al mismo tiempo, enriquecerse gracias a las extraordinarias oportunidades que ofrece lo digital.

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