LeWeb y la diversidad… del Atlántico Norte

02 febrero 2017

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Las conferencias americanas se orientan en primera instancia hacia su enorme mercado interior. Ésta, LeWeb, sirve de puente entre Estados Unidos y la Unión Europea y atrae por ende a las startups de los países cercanos como Rusia e Israel, cuyos emprendedores estuvieron muy activos.

En lo personal me habría gustado que la muestra fuera más abierta. Entre asiáticos, latinoamericanos y africanos no suman en conjunto ni el 10 %, según puede observarse en un balance muy completo realizado por Olivier Ezratty.

No obstante, LeWeb me parece la doble confirmación de que se innova en todo el mundo —incluso en Europa, me atrevería a decir— y de que las conferencias bien organizadas constituyen el caldo de cultivo de la innovación, puesto que aportan apertura y diversidad. En esta décima edición, la conferencia de finales de 2013 elige por tema una iteración: los “diez próximos años”. Pero, siendo la previsión un arte elusivo, los oradores se refieren más a su próximo producto que al futuro.

Incluso Robert Scoble, quien hasta se ducha con sus Google Glass puestas, se presenta acompañado por el desarrollador de una aplicación para iPad (Eightly.com), de la cual resulta difícil imaginar un gran impacto en el futuro. No obstante, alude a 5 fuerzas” que, según él, marcan el momento (no los próximos diez años): los sensores, la informática que uno porta sobre sí mismo (wearables), la geolocalización, lo “social” que continúa creciendo de manera “exponencial” y los datos (data) de los que ya nadie habla sin el precalificativo “big”.

Apuntando más alto, el capitalista de riesgo Fred Wilson expone el marco que utiliza para elegir sus inversiones. Habla de su negocio, pero no se olvida de levantar los ojos. “Las grandes evoluciones de la sociedad son las que cuentan”, dice a modo de introducción. Se ocupa de tres (bien resumidas por Doc Searl del Cluetrain Manifesto).

La primera es el “paso de las jerarquías burocráticas a las redes animadas por la tecnología”. Twitter, por ejemplo, “sustituye al periódico”. Todo el mundo actúa como captor y distribuidor de información. La educación cambia con servicios como CodeAcademy para el código, y DuoLingo para las lenguas.

La segunda megatendencia es la “disgregación de productos y servicios”. Ya no se venden en paquetes (como la música en los CD de ayer), sino uno por uno. Incluso los bancos empiezan a verse afectados y sus servicios deconstruidos.

Tercera tendencia: todos estamos conectados a través de nuestros teléfonos inteligentes, somos “nodos”, puntos sobre las redes. Hailo, por ejemplo, una aplicación británica para encontrar taxis, conecta al usuario con un taxista, también él conectado. Science-Exchange, un mercado online de colaboración científica, muestra que eso afecta incluso a la investigación.

Como en todos los debates sobre las tendencias, en LeWeb se habla de la Internet de los Objetos, de las impresoras 3D y del big data. No es ni la primera ni la última vez. La importancia respecto de la moneda virtual Bitcoin no radica en su valor del momento o en su posibilidad de éxito. Es una plataforma adaptada a internet que nadie puede controlar y, como lo señala un reciente artículo en The New York Times, se trata, de hecho, de una ideología enfocada a revolucionar las monedas y el control ejercido sobre ellas por los bancos.

Fuera de la conferencia, me sorprende la compra de la empresa de robots militares Boston Dynamics por parte de Google, que ya cuenta con autos sin conductor y robots capaces de entregar paquetes. Éstos corren más rápido que nosotros, pueden ayudarnos en la cotidianidad, ir a la guerra por nosotros o apropiarse de nuestro trabajo. Y lo harán cada vez más.

Pero el tema ausente en esta gran mesa redonda que es LeWeb es el del crecimiento de las inquietudes de cara a las consecuencias inesperadas en nuestra utilización de las tecnologías de la información y la comunicación. Cada vez veo más tecnófilos preocupados por la falta de respeto de la NSA y el control indiviso de nuestros datos personales por parte de Google o Facebook. Ni los gobiernos ni las grandes empresas podrán ignorar el hecho por mucho tiempo. Es, en todo caso, lo que podemos desear, exigir.

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